Y es así que la derrota política del destituido por corrupción Miguel Prieto Vallejos, y la cara de tragedia que presentó su novia Valeria Romero en la conferencia de prensa del sábado cuando se anunció que María Portillo será la intendenta, quedan totalmente como anécdotas, teniendo en cuenta la seriedad de la situación que Ciudad del Este tendrá que seguir viviendo, al menos hasta que un nuevo intendente sea elegido por el voto popular en noviembre.
Apenas habló el sábado la anunciada próxima intendenta María Portillo, el imputado y acusado por corrupción concejal Sebastián Martínez tomó la palabra y ya hizo el anuncio más importante, que salir de boca de la designada jefa comunal: Van a hacer un nuevo préstamo para pagar salarios.
“Le dimos nuestro compromiso a la colega María Portillo, desde el lunes, para hacer las gestiones para un préstamo que nos obliga esta situación en la que nos metieron, a endeudarle a las arcas municipales en el corto plazo”, dijo el corrupto concejal, al echarle la culpa a la intervención sobre la calamitosa situación actual de la Municipalidad de Ciudad del Este.
Hipócritas como los fariseos, los integrantes de la pandilla “Yo Creo” quieren instalar que fue el interventor quien dejó la Municipalidad en bancarrota, cuando que fue Miguel Prieto quien lo hizo, según el propio hoy destituido intendente firmó con su letra el corte administrativo que mostraban deudas de más de 100.000 millones de guaraníes, solamente de las más urgentes.
Y es más, en lugar de hacer todo lo posible para que los contribuyentes acudan a la Municipalidad a pagar sus impuestos, crearon un ambiente de violencia y persecución, aterrorizando a los disidentes con amenazas y ataques personales; y advirtiendo a los directores y funcionarios municipales a no prestar servicios a la población, so pena de ser despedidos en el hipotético caso que las “ratas” de “Yo Creo” vuelvan al poder municipal.
Son apenas algunos de las obligaciones que tendrá María Portillo en la difícil misión de elegir, si traicionar a la ciudadanía en general, o ponerse como una servil a la corrupción de esta pandilla que saquea sin pudor a las arcas municipales.