Con profundo dolor y buscando justicia, Tatiana Pucheta hizo pública la dramática historia de su esposo, Víctor Benítez, de 34 años, quien falleció tras una serie de atenciones médicas que, según denuncia, fueron negligentes y evitables.
Víctor, carpintero, padre de dos niños y con un tercero en camino, Tatiana cursa un embarazo de siete meses, comenzó meses atrás con episodios de mareos que parecían inofensivos. Pero el lunes 20 de octubre inició un cuadro severo de vómitos, dolor de cabeza y vértigos que no le permitieron dormir.
El martes 21 acudieron por primera vez al Centro de Salud de Presidente Franco. Allí fue diagnosticado con “migraña aguda” y recibió ketorolac, ondansetrón y suero. Tatiana pidió insistentemente una tomografía, señalando que el dolor no era normal, pero fue ignorada. Esa noche el cuadro empeoró.
La mañana siguiente regresaron al mismo centro. Nuevamente fue diagnosticado con “migraña”. Tatiana relata que incluso un médico insinuó que el dolor se debía al estrés generado por su embarazo. La tomografía volvió a negarse. A las 10:30, Víctor fue dado de alta por segunda vez.
Horas después, en su casa, Víctor sufrió la primera convulsión. La familia lo trasladó de urgencia al sanatorio privado San Pedro, donde fue atendido inmediatamente. Allí convulsionó tres veces más y quedó internado. Una tomografía reveló el verdadero cuadro: hidrocefalia severa.
Fue operado de urgencia, pero nunca recuperó la conciencia. El viernes fue sometido a una segunda cirugía, donde se confirmó la muerte cerebral. Finalmente, el domingo 26 de octubre a las 17:20 horas, su fallecimiento fue declarado oficialmente.
Tatiana sostiene que todo pudo evitarse:
“Si no hubieran minimizado su dolor, si no me hubieran ignorado dos veces, si hubieran pedido una simple tomografía, mi esposo estaría vivo”, afirma con desesperación.
Hoy, ella enfrenta la vida sin su compañero y con tres hijos que dependen de ella. Denuncia que el sistema de salud “juega con la vida de la gente” y pide que su caso sea escuchado y visibilizado.
“Hoy fue mi marido. Mañana puede ser un ser querido suyo”, advierte. Su reclamo busca justicia y garantías para que ninguna otra familia vuelva a vivir un dolor similar.