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Mons. Mario Melanio Medina llama a construir una economía más humana y solidaria en su homilía en Caacupé

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Durante su predicación en el marco del Novenario de Caacupé 2025, Mons. Mario Melanio Medina reflexionó con firmeza sobre la realidad social, económica y política del país, invitando al pueblo de Dios a renovar la conciencia cívica, la solidaridad y el compromiso con el bien común.

El obispo inició recordando que todos los poderes —económico, político, social e intelectual— deben estar al servicio del ser humano, y subrayó la importancia de que las familias, comunidades y autoridades vivan su responsabilidad desde la justicia, la compasión y la misericordia.

La economía y el destino común de los bienes

Mons. Medina retomó enseñanzas del Concilio Vaticano II y de la Doctrina Social de la Iglesia, afirmando que “la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la vida concreta, personal y social del hombre”. En ese sentido, señaló que la economía debe responder al destino universal de los bienes, creado por Dios para todos, y denunció las situaciones donde ese principio se ve vulnerado:

Desalojos y despojos de campesinos e indígenas, a pesar de la abundancia de tierra disponible.

Inequidades salariales y precariedad en el sistema de salud, especialmente respecto al personal de blanco.

Corrupción, evasión y mal uso de recursos públicos, que afectan directamente al pueblo más vulnerable.

Mafia de los pagarés, que atrapa a familias enteras en deudas impagables y situaciones desesperantes.

Falta de políticas públicas efectivas, especialmente en educación, acceso a servicios esenciales y acompañamiento a los sectores más necesitados.

“Cuando falta la economía —dijo— aparece el sufrimiento. Y ese sufrimiento clama al cielo”.

Llamado a la conciencia y a la participación responsable

El obispo advirtió sobre la pérdida del bien común y la debilitación de la ética laboral y ciudadana. Señaló que muchas de estas situaciones revelan la ausencia del Estado allí donde debería estar, y llamó a mirar con responsabilidad el momento político que vive el país.

“No se puede pretender ser cristianos y desentenderse de las reformas sociales necesarias”, recordó citando al Concilio.

En varios pasajes animó a superar el fanatismo partidario y la manipulación de la conciencia, y a ejercer con libertad y madurez la participación ciudadana:
“Hay que pensar, discernir y elegir bien. La política buena es aquella que busca el bien común”.

El sufrimiento del pueblo y el rol de la Iglesia

Mons. Medina hizo memoria de diversas luchas sociales, especialmente de comunidades campesinas, indígenas y trabajadores que continúan reclamando justicia. Reconoció el cansancio del pueblo, pero insistió en que la esperanza no puede perderse:
“La esperanza nunca se borra; es parte fundamental de nuestra fe”.

También reafirmó el compromiso de la Iglesia con la defensa de la vida, la dignidad humana y los derechos sociales, destacando el trabajo de los organismos pastorales y comunidades que acompañan a los sectores más vulnerables.

María, modelo de esperanza para el Paraguay

Finalmente, pidió a la Virgen de Caacupé que ilumine la conciencia del pueblo paraguayo, especialmente de los jóvenes, para promover una economía más humana, solidaria y centrada en la dignidad de cada persona.

“Oremos a María para que tengamos valor y conciencia para tratar estos temas. Sin escrúpulos y sin miedo. Porque la evangelización es completa cuando abraza la vida concreta del hombre.”

Concluyó impartiendo su bendición a todos los presentes y a quienes siguen las celebraciones a través de los medios de comunicación.

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