En una celebración marcada por la gratitud y la reflexión, la Diócesis de Ciudad del Este cerró este domingo el Jubileo de la Esperanza, coincidiendo con la festividad de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. El año jubilar, promovido por el Papa Francisco, tuvo como eje central la esperanza como virtud teologal capaz de sostener a la humanidad frente a los desafíos contemporáneos.
Peregrinación jubilar por las calles de la ciudad
La clausura del Jubileo inició a las 7:30 horas con una peregrinación que partió desde la Rotonda Reloj de Ciudad del Este hasta la Catedral. La caminata fue encabezada por el Obispo, Monseñor Pedro Collar Noguera y Vicario Pastoral, Pbro. Ángel Collar, junto a numerosos fieles que acompañaron el recorrido.
Durante el trayecto se realizaron cinco estaciones desde la Rotonda Reloj, momentos de oración y reflexión que marcaron el camino hasta la Parroquia San Blasl. La jornada culminó con la Santa Misa solemne en la Catedral de Ciudad del Este, que fue presidida y predicada por Mons. Pedro Collar y concelebrada por sacerdotes de la diócesis.
Durante la Eucaristía, el obispo en su homilía, destacó que este tiempo especial ha sido ante todo un período de renovación espiritual y reconciliación, invitando a los fieles a recibir el perdón divino para reabrir sus corazones a la confianza y retomar el camino con espíritu renovado.
La familia, esperanza de la humanidad
El mensaje central de la celebración giró en torno a la familia como institución fundamental de la sociedad. «La familia sigue siendo la gran esperanza de la humanidad. Si logramos familias más unidas, habrá una mejor sociedad; y si hay hogares más felices, habrá menos violencia», enfatizó el obispo.
El prelado presentó a laa Sagrada Familia de Nazaret como modelo de fe, amor y esperanza, recordando que José, María y el Niño Jesús también enfrentaron adversidades como el rechazo, la pobreza y el exilio en Egipto. Esta realidad, según subrayó el obispo, demuestra que ninguna familia está exenta de problemas, pero la confianza en Dios permite superar las dificultades.
Desafíos actuales de la institución familiar
Mons. Pedro abordó directamente las amenazas que enfrenta la familia en el mundo contemporáneo, señalando la presión del materialismo, el consumismo y la violencia social. Se hizo un llamado especial a proteger a los ancianos, considerados «tesoros de la Iglesia y la sociedad», frente a una mentalidad utilitarista que tiende a descartar a quienes «no producen».
Además, hizo referencia a problemáticas sociales concretas, como el desplazamiento forzoso de comunidades indígenas que desde hace meses mantienen una protesta en el ex aeropuerto de la ciudad, clamando por justicia. «La Ley debe ser para proteger, no para entorpecer», señaló, haciendo un llamado a las autoridades y ciudadanos a mostrar cercanía, acogida y acompañamiento a los más vulnerables.
El hogar como «Iglesia doméstica»
Siguiendo las enseñanzas del Papa Francisco, el obispo instó a las familias a convertir sus hogares en verdaderas «iglesias domésticas», espacios donde se aprenda a rezar, a valorar lo esencial sobre lo transitorio y, especialmente, a vivir el perdón. «No se vayan a dormir enojados», recordó, promoviendo la reconciliación cotidiana como fundamento de la paz familiar.
Finalmente Mons. Pedro concluyó su mensaje de esperanza: que el cierre del Jubileo no represente un final, sino un nuevo comienzo para transformar los hogares en lugares de encuentro con Dios, donde la fe, el amor y la esperanza reinen como principios rectores de la vida familiar y social.