Mons. Guillermo Steckling, Obispo Emérito de la Diócesis de Ciudad del Este, presentó el tema central del año pastoral dedicado al bien común: la protección social efectiva para todos los paraguayos, respaldándose en la reciente carta pastoral de los obispos del Paraguay que describe este concepto como «el cuidado mutuo transformado en norma social». Fue este lunes 02 de febrero en la Víspera de la festividad de San Blas en la Catedral de Ciudad del Este.
Al iniciar su homilía, el prelado saludo a Mons. Pedro Collar a sacerdotes, diáconos, a los invitados especiales y también a todos los que siguen la Eucaristía por los medios de comunicación. Y, por último, saludó a las religiosas y religiosos en el día de la vida consagrada.
Cifras que interpelan
Las estadísticas presentadas por el Obispo Emérito son contundentes y preocupantes: apenas el 28,6% de la población paraguaya cuenta con seguro médico, mientras que más del 60% de los trabajadores se desempeña en la informalidad. «Un país con tan fuerte tradición de solidaridad no puede aceptar estas cifras», enfatizó Monseñor Steckling, citando datos del propio Gabinete Social del Estado.
La protección social, explicó, no se limita al aspecto médico, sino que abarca riesgos concretos como enfermedad, desempleo, vejez, invalidez y maternidad, incluyendo bienes comunes fundamentales como salud, educación y jubilación. El mismo Gabinete Social define este concepto como «una mirada de atención integral a la familia, considerando los ciclos de vida».
Fundamento bíblico y motivación cristiana
Monseñor Steckling desarrolló ampliamente las bases bíblicas de esta postura. La primera lectura de Ezequiel presenta a Dios mismo como modelo de protección social: «Extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; te hice un juramento, hice una alianza contigo y tú fuiste mía. Yo te lavé con agua, limpié la sangre que te cubría y te perfumé con óleo».
Esta imagen, explicó el prelado, muestra cómo Dios cuidó al pueblo de Israel comparándolo con una niña abandonada al nacer. «Dios permanece fiel y nos sigue cuidando. Nunca nos deja, y por gratitud debemos hacer lo mismo con nuestros hermanos y hermanas», subrayó.
El evangelio del Buen Samaritano fue presentado no como un acto heroico de caridad, sino como la ilustración de un simple deber. «Todo arranca con un sentimiento de compasión: el Buen Samaritano vio al asaltado y se conmovió. Pero esto no se queda ahí», explicó, destacando las palabras claves: cuidado, protección, acompañamiento, salud y alimentación.
Otros ejemplos bíblicos mencionados incluyen la visita de la Virgen María a Santa Isabel y su continua atención en Caacupé, así como la preocupación de San Blas por los enfermos incluso camino al martirio. «En todos estos ejemplos, los que actúan no piensan que hacen algo extraordinario. Lo ven como algo normal, un simple deber», enfatizó el Obispo Emérito.
Tres niveles de responsabilidad
La homilía de Mons. Steckling estableció claramente tres ámbitos de acción:
- Responsabilidad individual: «La protección social comienza por casa», afirmó el obispo, llamando a un examen de conciencia: ¿cuidamos bien a nuestros familiares y vecinos? Citó al Papa Francisco: «Todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano».
- La Iglesia como comunidad: La carta pastoral enfatiza que, si bien es importante que los responsables del gobierno cumplan su tarea, también es crucial que los cristianos comiencen a sembrar una cultura de cuidado y protección. «La esperanza cristiana se hace visible cuando nadie se siente descartado ni inútil, cuando la comunidad acompaña las fragilidades, permitiendo que la protección social refleje el rostro compasivo de Dios, que escucha el clamor del pobre», se lee en el documento episcopal.
- El rol del Estado: El Obispo Emérito hizo un llamado directo a la ciudadanía: «Necesitamos elegir y apoyar a políticos que promuevan la protección social. Cada ciudadano se merece un país que le cuide, proteja y le haga sentir que su dignidad está por encima de intereses particulares». Advirtió además que la protección social debe ser un derecho universal y no debe limitarse a partidarios de un grupo o amigos.
No es tema exclusivo de cristianos
Monseñor Steckling aclaró que, aunque la protección social es una preocupación que atañe a todos los ciudadanos y constituye una obligación de cualquier ser humano, los cristianos poseen una motivación particular: ven la justicia como algo consagrado por Dios y se sienten portavoces de los que no son escuchados, por considerarse todos hermanos, hijos adoptivos del Altísimo.
«Todos reclamamos una buena protección social, y un político que quiere ganar apoyo hará muy bien en ocuparse de este tema. Estamos hablando de construir patria, de una ética social que respeta a todos», señaló.
Un llamado para el año del bien común
Por último Mons. Steckling concluyó con una interpelación directa: «Que este año sea realmente un tiempo para valorar al máximo el bien común. Debemos preguntarnos como comunidad, como Iglesia, como país: ¿cómo estamos con el tema de la protección social?; ¿qué implica una protección social efectiva para todos?»